miércoles, 23 de septiembre de 2015

Familiar por conocer

La madurez te ayuda a surfear las dificultades de manera inmediata y precisa, eso combinado con la dosis de fe y confianza infaltable nos ahorra lamentos.

Despierto con la presencia de mamá preparando la sopa y el arroz a la cubana que luego serían mi almuerzo, hoy estaré sola lo que resta del día. Ella se fue a trabajar. 

Voy haciendo zapping, nada novedoso, CSI hoy no me fue tan atractivo. Leí el avance del trabajo grupal, añadí algunos detalles necesarios y lo colgué listo para la impresión. Hoy mi grupo tenía exposición, les di buenas vibras, lamenté no poder acompañarles. 

Intentaba darle descanso a mis ojos cuando llamaron a la puerta fuertemente, abro y era mi tío. El mismo que en mi anterior estancia ingresó a mi cuarto sin avisar, fue el primer recuerdo apenas lo vi hoy. Esta vez era diferente, tocó y pidió permiso para conversar, le dejé pasar.

Comenzó hablando de Magaly Medina, la considera la mejor aunque se vaya de boca muchas veces, mencionó que en su juventud quiso estudiar Periodismo o Arqueología, sonreí en cuanto supe de esa coincidencia. 

También preguntó por el yeso en mi pie, le conté lo del accidente obviando el nombre de mi Sori para que no sea uno más que le cargue a la culpa a mi felino. Se sorprendió pues le habían dicho que me había caído por las gradas y él pensaba que seguro estaba con tacos muy altos para que eso pasara. Desmentí esa historia.  Graciosamente me dijo que que si a él le hubiese pasado le haría responsable de los gastos y mis cuidados al dueño de las barras de construcción, por no dejarlas aseguradas. "otro inquilino o si fuera yo les reclamaría, pero se aprovechan de tu carácter noble y mírate cómo estás, has dejado trabajo y estudios, porque estás estudiando ¿no?" , dijo. 

Supe por él la historia de aquellas barras de construcción. Dormía plácidamente cuando oyó la voz de su hermana pidiéndole ayuda, salió y vio un taxi con las barras de metal sobre el techo, le pidió ayudarle a meterlas a casa.  Sólo pudo dejarlas en la sala porque pesaban mucho y, consideraba que debía hacerlo el esposo junto a sus hijos, no mandar sola a mi tía que está delicada de salud. 

Sin pensarlo llegué a coincidir  en varias cosas e ideas. Cuánta razón en este ser misterioso, poco conocido, no tratado o considerado por la familia.  Finalmente cerramos la charla con dos tarjetas de polladas que organiza junto a mi  otra tía, unos treinta en total. Veintitrés para  ella y solo siete para el bolsillo de mi tío. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario