¡Qué día el de hoy!
Él tocó las puertas de mi corazón, prometió volver, conversar, accedió a cambiar, se mostró preocupado y dispuesto a ayudarme con los trámites universitarios. Acepté lo último, lo demás demanda más tiempo, sin embargo me invade la ansiedad de saber cuáles son sus planes ahora o qué tiene para decirme. Llegó cerca de las dos de la tarde, debía llenar a puño y letra las solicitudes de justificación de inasistencias universitarias, terminé y se fue sin mayores atenciones.
Estuve divagando en un sin fin de posibilidades y utopías sentimentales. La inspiración llega sola, a veces no puedo controlarla y entonces soy libre, caí dormida.
El ritmo comenzó de nuevo con la llegada de mamá y luego papá. Ellos jamás se ponen de acuerdo, en sus consejos se contradicen mutuamente. Ella considera que debo formalizar de una vez frente a toda la familia (sobretodo ella. Él pide tratarlo como el enamorado eterno, no comprometerme jamás, porque a su lado no hay un futuro prometedor.
Lo que noto es que papá aún es posesivo, celoso y me quiere convenientemente bajo sus dominios, cuando se excede es cuando se presentan los problemas de padre e hija.
Mamá por su parte piensa como siempre en el qué dirán y por eso quiere que formalice ya! ya! Y si por ahí el enamorado no quiere pues opta por decirle adiós, aconseja firmemente.
A lo mucho lo que él puede ofrecerme son promesas, propuestas a futuro y sé bien que creería y apostaría por cada una, porque sí, el amor es uno de esos sentimientos que no desaparece hasta que se agote toda conjetura de que pueda prevalecer.



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