lunes, 14 de septiembre de 2015

Pregúntame

¿Que por qué estoy aquí?
Sería sencillo contestar. esa pregunta y no otra,si en la respuesta no existiese lugar para la sensibilidad. Es probable que esa característica sea tan notoria que ya ni se atreven a ver este rostro desencajado.

Amanecí con la voz de mi madre retumbando en mis oídos,me llamaba como en temporada escolar: "Diana levántate,toma tu desayuno.Diana,Diana,Diana..." y la sensación sigue siendo la misma a la de antaño. Mi mente asumió que ya era tarde y debía alistarme para algo,rehusaba abrir los ojos porque como antes me sentía a gusto durmiendo. Todo mi cuerpo disfrutaba del placer de haber hallado la posición correcta y en consecuencia estaba satisfecha con los sueños. 


No quería despertar,mucho menos levantarme, pero la insistencia de mamá ganó una vez más, como cuando pequeña tomaba dos grandes tazones con avena y luego iba llorando camino al cole. La razón: No me gustaba el quaker.


Pretendí pararme intempestivamente y sorprenderla,pero pronto una punzada me recordó mi dolencia física. No me quedo otra que aproximarme lenta,muy pausada,a la mesa dónde me esperaba un rico arroz con huevo y leche con avena,mi entrañable amiga de niñez.

Inmediatamente mi mente programó este pensamiento: Ésta vez no me harás llorar,y si te he evitado desde cumplido los dieciocho años,hoy haré que tu paso sea fugaz.
Cogí la taza y lo tomé a hilo,me aumentaron(por fortuna la vasija era pequeña),repetí el acto sin mayor problema. Como recompensa disfruté luego del delicioso y humilde arroz con huevo,ese plato me recuerda a dos hermanitos especiales, nos juntábamos por las tardes a ver películas o jugar,siempre acompañados por esa composición nutricional. Nos agradaba,nos unía.

Mi madre se quedó dormir, sintió mucho frío anoche, lo que la motivó a llevarse algunas cubrecamas que a mi llegar debido a ciertas fallas terminaron con aromas poco atrayentes. Las llevó a su casa para lavarlas a mano, prometió regresar rápido para preparar el almuerzo. Estos días duros he recordado también su lado servicial y protector, aquellos momentos que no disfrutamos en el pasado son ahora una grata realidad. 


Mi papá por su parte sigue siendo el bálsamo ideal y silencioso que mantiene abiertas las puertas de mi confianza y admiración, siempre humilde, sensible e inteligente. Ellos, su presencia, son una hermosa consecuencia de mi accidente. 


Por esos momentos positivos estimado desconocido o desconocida, en otra oportunidad, no formules preguntas a las hojas de mi vida, pregúntame a mí. Nadie me ha arrojado a la calle, he decidido venir,con pocas opciones verdes o rosadas, aquí estoy. 

No temo darte la cara,mucho menos responder a tu atrevimiento.
El punto final debe llegar, ¿No es así?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario